jueves, 29 de abril de 2010

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Esquina

Bordo-cancha

Puente neza II

Puente neza

No la olvides más…

martes, 23 de febrero de 2010

No la olvides más
No la olvides
Retenla en el pecho, en la garganta
En la pupila, en la memoria

y no dejes que salga nunca
cierra los ojos
apreta los puños
frunce el ceño
resístela en el vientre
y retenla como un grito
bloquéale el paso
entorpécele el sendero

pero no la olvides más
no la olvides
ni dejes que grite por las noches
ni permitas que perturbe tus sueños

cuando sientas que arde
traga saliva
cuando sientes que huye
cierra la boca
y cuando sientas que
se desmorona inconteniblemente...
suspira

has que viva por siempre
que persista por los siglos, que sobreviva
dentro de ti por años

y como un canario en su jaula
déjala que espere como piedra
que perdure como una herida
que sobreviva sobre todos los naufragios

pero no la olvides más
no ahora ni mañana ni nunca

aunque se te haga la piel añicos
al abrazarla

aunque sólo sea nada y polvo lo que abraces...

Con el tiempo que...

domingo, 14 de febrero de 2010

Con el tiempo que demoras en el tocador / bastaría con ver de principio a fin el lento y perezoso transcurrir de una tortuga /se degollarían sin piedad mil días sombríos del eterno y siempre funesto calendario / me iría de escala a escala hasta el sótano del mas profundo sueño /y leería toda la antología de Chéjov, la cual terminaría desquiciadamente recitando /cada cuartilla de memoria en la nada de tu sala.

Con el tiempo que demoras en el tocador /pasaría el otoño furiosamente deshojando todos los verdes ramajes de las horas endebles / contaría de uno en uno /una manada de borregos despavoridos / y armaría con ociosas estrategias una revolución machista en contra de la vanidad obstinada y la premura femenina.

Pero sobre todo / con ese tiempo que demoras en el tocador /me conformaría tan sólo con formularme conjeturas mas inteligentes /que me ayuden a comprender tu insistente necedad por embellecer lo bello.

Esfinge

jueves, 4 de febrero de 2010

…Y ahí estuve siempre, esperándote -como el que espera la muerte- al pie de mi ventana,
ahí estuve contemplando en cada alborada el descenso del último vuelo de la aurora

y ahí estuve viendo como la palmera se corroía al paso feroz del viento enardecido

ahí estuve…como una estatua de sal que el dedo de dios petrificó

como un vil ciego que no da paso alguno sin antes esperar su lazarillo

Estuve ahí y no cese jamás de contemplar la huida apacible de las golondrinas

ni me cansé jamás de ver el trayecto burdo del cangrejo

ni sacié nunca de andar en pos de los álgidos oleajes que batían sus garras inmunes en la costa añeja de mis soledades.

Y Estuve ahí…varado al pie de mi ventana
noche tras noche obstinadamente
esperando no se qué capricho
deshilvanado no se que de tu recuerdo

y ahí estuve siempre… pero nunca llegaste, sirena,
no llegaste a rescatar –como tus mariposas-
el suspiro postrero,

y es ahora una esfinge aquel que acalla al pie de la ventana
…es aquel que escribe esto frente a la mar
con una esperanza firme pero adolorida

…como quien ve llover y al mismo tiempo
mira sus penas caer sobre el oleaje.

Ofelia

miércoles, 3 de febrero de 2010

¡Que bella te ves, amor, cuando te bañas en el río!
Empapando tu benevolencia prístina de mujer
Desnudando palmo a palmo tu cuerpo enardecido

¿Cómo es posible que dios te haya creado
así tan dulce y perfectamente esbelta
para despertar al mundo y sus somníferos?

Ay amor, tu ya no me dejas más menesteres
que desearte toda tu como un cretino
atesorando este amor amable y abnegado
que yo guardo en mi pecho, clandestino

Y lo he pensado, amada, lo he pensado
cada vez que veo tu cuerpo sobre el río
no hay duda alguna, amor:
¡La desnudez es tu mejor vestido!

Identidad

jueves, 28 de enero de 2010

El amor calza zapatillas
Lleva consigo una negra cabellera
viste de atuendos escotados
presume de excitantes atributos
Y sobre una barra de taberna
Pide un trago
Saca un cigarrillo y balbucea
Al cantinero

El amor –es cierto-
Huele a perfume de magnolias
Mira con unos ojos oscuros y ataviados
Y pide un trago más
Observa la multitud cautiva
Y fija su miraje en mí.

El amor, si, el amor tiene unos
Senos voluptuosos pero discretos
Toma tequila en cáliz de oro
Y se acerca a mi mesa
Con la copa en mano
Mientras me lee

El amor…
¡Ah súbito amor desgraciado!
Y es cierto
El amor tiene una linda frente
Despejada
Donde un lunar posa majestuoso
Lleva consigo una esbelta
figura ignota que la preside
Y me dice un Hola
Con una dulcificante
Boca escarlata.

Coraza

Como una herida:
Desangro

Como un castigo:
Sufro la pena

Como en un calvario:
Vivo el martirio

Como en un diluvio:
Me ahogo

Como en un poema:
Me crucifijo

Como en una contienda:
Batallo

Como un miserable:
Añoro

Pero como piedra:
Resisto.

Una cosa que es cierta

miércoles, 27 de enero de 2010

El amor
Deteriora la garganta
Mastica los pulmones
Cercena la columna vertebral
Pulveriza la dentadura
Noquea los sentidos
Consterna la memoria
Arisca el paladar
Acribilla las neuronas
Restringe la dopamina
Diseca la próstata
Ciega el raciocinio
Mutila la facundia
Fenece los riñones
Provoca el estrabismo
Empecina las ideas
Enferma las neuronas
Engangrena el intestino
Disturbia el flujo respiratorio
Desorbita la sesera
Perjudica el olfato
Provoca desvarío
Produce paranoia
Y trastorna la visión:
Pero no mata.

Iluso

Tienes todo al verdor a tu exterior, lo ves fijamente, te gusta lo que ves, piensas que todos esos pastizales, esos collados verduzcos y frescos y esos molinos gigantes y también ese corral, podrían algún día, ser tuyos.
Enciendes un cigarrillo, expulsas el humo y divagas. Comprar todo ese terreno no te costaría más que dos o tres años de arduo trabajo. Te gusta lo que piensas. Ya te ves en tu mecedora fumando en la cima del collado, viendo todo el verdor que se te sea posible. Siempre te ha gustado la naturaleza, desde niño soñaste con irte a vivir a la selva o en algún bosque o pradera y alejarte del mundo, de la civilización: de sus vicios, de la maldad, del Hesse, del bullicio interminable de la sociedad. Sigues aspirando ese tabaco que por otra parte es un producto de ese mundo que marginas y que hace tanto daño y que me desdeñas. Sabes muy en el fondo que te será muy difícil alejarte de la ciudad y abandonar a tu madre y a tu hermana, pero te gusta pensar que alguna día, quizás, ese sueño sea haga realidad por alguna extraña razón.
Ahora te ves manejando en tu automóvil (Que no tienes) por la carretera, precisamente a cincuenta kilómetros del lugar en donde estas y que aun no te pertenece. Sigues viéndote en tu automóvil mientras acaricias la melena de tu perro que está en el asiento contiguo. El perro escucha tu alarido y la gresca de la música a todo el volumen posible, mientras tu exclamas y gritas a todos los puntos cardinales que eres un vencedor, que eres un campeón y que eres el hombre mas dichoso que ha pisado la tierra. Esa escena y ese pensamiento vagan en ti una y otra vez sin cansancio.
Te ilusiona saber que pueda hacerse realidad algún día y sabes que con eso tendrías asegurado tu finita felicidad; pero de repente arriba a ti el nombre de tu madre y el de tu hermana; frunces las cejas, escupes y sigues aspirando el cigarro que se consume lentamente, lo cual figurativamente representaría tu preocupación obstinada por huir del mundo, por vivir en el silencio y en la paz completa.
Cuando terminas de fumar el primer cigarro, crece en ti una nueva idea. Te preguntas si acaso tu madre y tu hermana no quisiesen de alguna forma acompañarte a vivir radicalmente en esas tierras vírgenes de ese lugar que tú escogiste para morir. Te respondes con un gesto de optimismo y te convences de que quizás se animarían a hacerte caso. En el fondo sabes que lo que deseas es un total disparate, porque en la ciudad; esa ciudad de la que tanto reniegas y que renuncias en intervalos de tiempo, te ha dado todo: escuela, trabajo, mujer, dinero, vida y asociación. No te importa, tu te empecinas inamoviblemente en que te iras a vivir a ese sitio sin tener la menor idea en donde estas.
Sigues viendo el panorama, es bello, ¿verdad?, es un Edén total, un prodigio de la naturaleza; estas palabras te las dices una y otra vez y te las repites sollozando, mientras miras absorto el orto que se oculta entre los collados. Los molinos te recuerdan a Don Quijote: ese viejo irónico y sabio del que tanto te mofabas cuando ibas al colegio; ahora tu estas en sus mismas circunstancias y estás dispuesto a cruzar una travesía ardua por obtener lo que deseas. Mientras te acuerdas de Don Quijote, esbozas una sonrisa vaga que apenas se convierte en una prolongada sonrisa. Miras los árboles, el pastizal, el ganado allá al costado del corral, los desniveles, los linderos que dan hacia un pequeño arroyo y terminas el vistazo observando tus zapatos y piensas que lo primero que harías antes de emprender el viaje nuevamente a ese sitio, es comprarte primero unos nuevos zapatos. Estas conciente de lo duro que sería la vida de hoy en adelante pero todo sería por el bien de tu alma y el de tu cuerpo cuando termines de despojarte del vicio del cigarro y de muchos cosas más. Se ha acabado el segundo cigarro. Sacas la cajetilla del bolsillo de tu chaqueta y te percatas que no sobra uno más. Tiras la cajetilla al suelo y la aplastas con el tacón de tus zapatos.
Ya el ocaso ha terminado. Te da incertidumbre tu porvenir pero comienza la noche y es hora de volver. Te decides a emprender el regreso hacia la carretera. Te espera una fría y larga caminata hacia la lejana autopista, y también a ese mundo que desdeñas.

Las apariciones de Pepe

Pepe murió hace dos semanas, pero todavía se sigue viendo su sombra rondar por estas casas. Mamá Teresita; nuestra abuela, ha dicho ante nosotros que su aparición se debe a que Pepe no puede descansar en paz y que no se resigna para nada en absoluto a que ha muerto. Nos da tristeza Pepe. Hemos creído a veces que su sombra no es otra cosa que una alucinación colectiva, ¿o acaso paremos esquizofrenia?, eso no lo sabemos todavía pero sabemos que Pepe nos trata de decir algo desde el plano dimensional en donde se encuentra. Nosotros lo queríamos mucho, lo suficiente como para lamentar su partida. Todavía recordamos el día que lo enterraron, llegó a nuestra ventana un pajarillo de esos que Pepe coleccionaba cuando él era muy niño. Uno de nosotros exclamó que era Pepe el que se hacía pasar por ese lindo pajarito y que nos había visitado; en ese instante el pajarillo se echo a volar despavorido; me acuerdo también cuando nos enteramos de su muerte: estamos en la cocina de Doña Glendy viendo como hervían los elotes a vapor. Todavía nos acordamos del instante en que Don Felipe nos aviso perplejo que Pepe se había suicidado en su recamara; a los quince minutos tocaron a la puerta estrepitosamente pero cuando Don Felipe abrió para ver quién era el que tocaba con tanta desmesura: no había nadie. En esos momentos creímos que Pepe se había despedido de nosotros. Don Felipe se llevó el susto de su vida, cayó en una terrible conmoción que hasta hoy no se ha podido recuperar de ese estado. Lo tuvieron que llevar a un psiquiatra pero no hubo ciencia que explicara su enajenación y sigue encerrado en el manicomio.
Ya han pasado quince días, desde que Pepe se murió y todos le lloramos desde de la escalera que da a su casa, viendo la ventana de su recamara en donde se quitó la vida.
Cada noche sin tregua todos nosotros creemos que vemos a Pepe: Mamá Teresita, Don Zacarías, el comisario, Ernesto el motociclista y su hermano Antonio el Mecánico han dicho y han afirmado muy seguros de sí mismos que lo han visto rondar por estas casas. Nosotros le creemos a la muchedumbre, y sabemos que Pepe no ha llegado a mejor vida.
Hoy por la mañana llegó un brujo a la casa de Pepe. Era un fiel amigo de la familia. Pero el brujo no venia solo, llevaba consigo muchas yerbas raras, especias, incienso, veladoras y dos pavo reales amarrados de las patas. Decía que iba a hacer un conjuro para que Pepe cruce adonde tenga que cruzar; sea el cielo o sea el infierno.
En uno de sus rituales raros, se detuvo para pronunciar unas palabras que se clavaron en mi mente y no salieron de ahí hasta que negocié una tregua con el sueño. El brujo musitó con estupor: Todos sabemos lo que Pepe hizo, lo sabemos bien, pero Pepe está arrepentido y no se puede hacer nada ya. Tenemos que ayudarle a descansar en paz. Yo sé que el dejo algo pendiente…
Cuando termino decir estas cosas, me levanté y alcé la mano para decirle:
-yo opino que dejó pendiente su cuerpo.

En ese instante escuchamos la voz de Pepe que recorría la habitación aledaña. El brujo se estremeció. Todos nosotros sonreímos.

Augurio

sábado, 23 de enero de 2010

"La muerte es el mejor de los anuncios;
cualquiera es el profeta"
Odette Alonso

Entre abismo y abismo
Mi voz pende de
Un hilo de sangre

Sobre un paramo
arterial
espera mi último latido

un vaho mortuorio
rodea mi pecho
y engendra halitos
agudos

La piel visceral
se me desgaja
en trozos febriles

Mi columna
se desarticula
tras los destajos
afilados de un sopor
que quema

En mis músculos
duerme el veredicto
de la antorcha

Un siseo danzante
recorre mi cabeza
esquizoide

Entre ojo y ojo
hay un cautiverio de espejismos

Sigiloso y cauto
-como una muerte-
el pecho palpita
con obstáculos

Sobre un arroyo de hiel
nada el penúltimo
bocado de la ira

El corazón bombea
atrapado en un enjambre
de púas;
su frenesí
es desgastante

comienza el reloj
su retroceso

y dentro de mi
una imagen
se emborrona.

Estela añeja

Desde que partí del pueblo no he vuelto a escuchar palabras tan bellas como las de mi adorado abuelo. El murió hace ya veinte años aproximadamente y en su tumba también se fueron sus sermones inquisidores y sus anécdotas fugases que corrompieron mi mente existencial desde chico. Mis ojos negros ahora miran ya un horizonte muy diferente pero plomizo, marginado por la claridad de un día despejado, lleno de nubarrones taciturnos y de ligeras estelas negruzcas. La tarde cae sobre esta finca de adobe recién cimentada en un suelo pantanoso donde tres camaleones ya merodean la osamenta de una zarigüeya. Mi boca ha tomado el color de las soledades y mis ojos llevan en su lejano fondo un imperio nocturno de ausentes destellos de vivacidad. Mi abuelo decía que el hombre viene a morir a la tierra y que la muerte es la paz esperada por los terrícolas. Su corazón palpitaba cuando decía estas cosas al mismo tiempo que besaba con amor puro la fotografía de la abuela. Yo le miraba con extrañeza, no creía en esas cosas. Desde que supe que era lo suficiente inteligente como para creer en esas vicisitudes; no entendía la razón exacta de el por qué del sufrimiento humano. Aun recuerdo la voz del abuelo. Siento que me vibran sus sollozos de angustia aquí a mi oído, siento todavía su voz gruesa, sus pasos calmosos y proféticos y sus risas apacibles que siempre se aproximaban a ser más fingidas que sinceras.
Mi reloj marca las cinco y media de la tarde; pero sobre este escrito ya anocheció. Comienzan a caer las primeras gotas de lluvia sobre mi cabeza. El ejército fluvial cabalga por las tierras lejanas y se aproxima raudo hacia a mi estancia. Empiezan a escucharse los primeros truenos, los primeros crujidos de una tormenta incesante, la tierra se vence en esa pesadumbre y yo observo el paisaje reverdecido y el horizonte: aquel lejano hostal donde la luna busca su aposento diurno; inalcanzable frontera donde mi miraje se desparrama a pedazos en imparable estampida. Mi corazón palpita sismicamente justo donde tengo la fotografía de mi abuelo, la saco del bolsillo de la camisa y veo el rostro arrugado de mi viejo, la coloco enfrente de mis ojos llorosos y digo con una voz casi quejumbrosa al ver sus ojos joviales: viejo, sé que usted esta bien en el mas allá, por eso no me preocupo, abuelo. Pero le extraño.

Cae ahora una gota de lluvia sobre el retrato y la gota se germina como si hubiera caído en una brasa hirviente. Comienza la lluvia y la foto arde silenciosamente.