Ausencia de Roberto

miércoles, 20 de enero de 2010

Le dijimos a Roberto que nos diera un vaso de agua bien fría por eso del calentamiento global y el otro calentamiento que nos bombardeaba por dentro
Y el pobre tonto nos beso nuestras húmedas bocas que aparte sufrían sedientas. Le dimos su bofetada bien dada y le marcamos el hocico para que aprenda a respetarnos. Cuando supo que nos íbamos, soltó trastes y se despeino la melena que diseño exclusivamente para seducir nuestra mirada. El pobre Roberto intrigado por la noticia, centrado en su poemario y maloliente por las horas de estar revolcándose con la poesía, nos dijo pidiendo clemencia; “¡no me podrían llevar en la bolsa del pantalón, total soy una pirañita y quepo en todos lados!”. Nadie le hizo caso porque estaba loco y aparte veía visiones, quien quite y se nos cae del cerro y de las lomas y se le descalabra el pensamiento.
Lo dejamos ahí que siguiera con sus palabrerías y ruegos vanos y que continuara llorando ahí en su pieza, acabo ya le quedaba dos o tres días para que lo metieran al manicomio de poetas y escritores.